
El nombre de depresión, es ampliamente conocido y utilizado en el lenguaje cotidiano; con frecuencia calificamos nuestro desánimo o tristeza como -estar deprimido-.
Los síntomas de la depresión han sido agrupados en las siguientes categorías; no todos ellos se dan en todas las personas ni en la misma medida, esto hará más amplia la variedad de formas de padecimiento de la depresión.
1. Síntomas afectivos: tristeza, abatimiento, desánimo, etc.
2. Síntomas conductuales: baja actividad, lentitud al hablar y andar, agitación motora.
3. Síntomas cognitivos: disminución de la capacidad de concentración, memoria y atención. Incremento de las cogniciones negativas (auto-crítica, auto-culpa).
4. Síntomas físicos: alteraciones del sueño, disminución del apetito, de la actividad y de la libido, dolores y molestias.
5. Síntomas interpersonales: disminución del interés por los demás, deterioro de las relaciones sociales.
Clasificación y diagnóstico de la depresión:
Una de las clasificaciones más tradicionales, aunque ya prácticamente en desuso, sea la de depresión endógena o reactiva; en el extremo endógeno se agrupaban aquellas depresiones de origen biológico, denominándolas con el término hipocrático de “melancólicas”. Las depresiones no endógenas, con un claro componente psicológico, según la época y el autor, se fueron reconociendo con los calificativos de “reactivas” o “neuróticas”.
Otra clasificación ha utilizado la dicotomía bipolar-unipolar o maníaco-depresiva; las primeras con historia de episodios maníacos y, en el otro extremo, la depresión propiamente dicha.
En el momento actual, el sistema de clasificación más utilizado es el DSM-IV-TR del APA; en ésta los trastornos depresivos se encuentran ubicados entre los trastornos del estado de ánimo, junto a los trastornos bipolares y otros trastornos de estado del ánimo, como los debidos a enfermedades médicas o inducidos por substancias. Para mayor información podemos acudir a DSM-)IV-TR (está disponible en internet).
Modelos explicativos de la depresión: Los primeros planteamientos se desarrollaron a finales de los 60 y principios de los 70, desde un enfoque netamente conductual con los modelos de Ferster, Costello y Lewinshon. Durante la década de los 70 se formularon las teoría cognitivas de de Beck y Seligman. Desde el inicio de los 80 surgen planteamientos que integran las aportaciones conductuales y cognitivas como las de Rehm y Lewinsohn. Según los modelos conductuales la principal característica de la conducta depresiva es la reducción en la frecuencia de actividades reforzantes, junto a la emisión de conductas de escape o evitación. Para entender los modelos explicativos de corte cognitivo podemos coger a Beck, éste lo explica desde los 3 elementos principales: la tríada cognitiva (visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro); los esquemas, como patrones de pensamiento que atienden selectivamente a cierta información, formando un concepto de cada situación; por último los errores cognitivos (podemos ver un artículo más detallado en este blog -distorsiones cognitivas-). Los modelos cognitivo conductuales, básicamente integran elementos de lo mencionado anteriormente.
Evaluación de la depresión: Los psicólogos clínicos disponemos de la entrevista, es la primera toma de contacto y muy importante para establecer un correcta alianza terapéutica, en la que el cliente se sentirá atendido y comprendido; en ésta debemos recoger el máximo de información relacionada con el origen, la vulnerabilidad y el mantenimiento de la depresión. Las áreas a evaluar están relacionadas con la motivación, expectativas, apoyo social y recursos; todas éstas serán claves para la planificación del tratamiento de la depresión. Una de las estrategias de recogida de información más utilizada es el auto-registro, adaptándolo a las características de la persona, uno de los más utilizados son los registros de actividad; en otros registros más completos podemos incluir las situaciones (¿qué pasaba?), la emoción (¿qué sentía?), el pensamiento (¿qué pensaba?) y la conducta (¿qué hacía?). Otra estrategia son los Cuestionarios, los inventarios y escalas. Aquí podemos valorar la severidad de la depresión, uno de los clásicos es el BDI (inventario de depresión de Beck). También debemos utilizar las Listas de actividad, utilizando listas de actividades agradables y desagradables y listas de actividades positivas, que proporcionan o proporcionaban placer a la persona antes de la depresión. Valoración de los pensamientos depresivos, para analizar los pensamientos automáticos y la tríada cognitiva, antes mencionada. Por último e importantísimo la Valoración de las ideas de suicido, no debe pasar por alto en ninguna entrevista clínica.
Tratamiento de la depresión: A pesar de estar escribiendo sobre el tratamiento psicológico de la depresión, no debemos dejar de mencionar el Tratamiento psicofarmacológico, según un reciente estudio de la SEAS (sociedad para el estudio de la ansiedad y el estrés) publicado a finales de Septiembre 2011 se han presentado los resultados de un estudio que indican que, entre 2005 y 2010, el consumo de antidepresivos y de benzodiacepinas se ha incrementado un 30,5% y un 12,9%, respectivamente.; hablando de la necesidad de fomentar la aplicación de los tratamientos psicológicos, avalados por le evidencia científica. Si quiere ampliar información al respecto, puede leer otro artículos de este blog: psicofarmacología. El psicólogo clínico que atiende a una persona que está recibiendo tratamiento psicofarmacológico para su depresión debe conocer el tipo y dosis del fármaco pautado por su médico.
Tratamiento psicológico de orientación cognitivo conductual. Para entenderlo, debemos pensar en los modelos teóricos mencionados anteriormente. Básicamente y teniendo presente la idiosincrasia de la persona, el tratamiento estará compuesto por: la terapia cognitiva, en la que identificamos los pensamientos automáticos y distorsionados, propios de la persona depresiva, identificación de los supuestos depresógenos, incremento de la actividad, modificación de las conductas de evitación, incremento de las habilidades sociales, incremento de las actividades agradables, disminuir la ansiedad, disminución de los pensamientos depresógenos, mejora de las habilidades de comunicación y solución de conflictos, y planificación de futuro. Por último, me gustaría señalar El mindfulness (conciencia o atención plena), éste forma parte, en mayor o menor medida, de la mayoría de las nuevas formulaciones terapéuticas de la terapia de conducta, que globalmente se conocen como terapias de tercera generación. La utilización de la meditación mindfulness en el ámbito clínico se inició en los años 70, con los trabajos de Jon Kabatzinn en la facultad de medicina de Massachussets. Mindfulness no puede considerarse como técnica, sino más bien como una forma de percibir las propias sensaciones, pensamientos y emociones, a través de una auto-observación intencional, dejando el impulso habitual y automatizado de valorar, prestando atención a nuestras experiencias internas.