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Psicologo Mallorca – Hipnosis


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  La hipnosis es una técnica potente para la   mejora de la calidad de vida de una gran   variedad de pacientes.   Sin embargo, es   frecuente que tanto pacientes como   terapeutas tengan creencias erróneas que   dificultan que la hipnosis clínica se utilice   más. El trabajo de Montgomery & Schnur,   2005 disipa estas creencias erróneas,  destaca la eficacia clínica de la hipnosis y la investigación de vanguardia, y argumenta en favor de un uso más extendido de esta técnica terapéutica adjunta.

En general, los estudios sobre eficacia clínica revelan que:

1. La hipnosis contribuye a la reducción y el alivio del dolor clínico, especialmente en el caso del dolor agudo y, al menos, con igual eficacia que otros procedimientos cognitivo-conductuales, nunca menos, para el dolor crónico.

2. Asimismo, la hipnosis utilizada combinadamente con otras técnicas médicas y psicológicas permite obtener resultados terapéuticos exitosos en menos tiempo y con un menos esfuerzo por parte de los pacientes.

3. La hipnosis facilita y potencia la efectividad terapéutica de las orientaciones clínicas establecidas, debido a que:

(a) las sugestiones hipnóticas ponen énfasis en favorecer actitudes positivas hacia el afrontamiento y superación de los problemas, asimismo, incrementan las expectativas positivas en el paciente hacia el éxito de un determinado procedimiento terapéutico.

(b) las técnicas de hipnosis facilitan la posibilidad de cambio terapéutico, ya que inciden en que el paciente sea especialmente receptivo y flexible a modificar su conducta.

(c) implementan las habilidades de imaginación e implicación emocional en los pacientes, habilidades necesarias en muchos de los procedimientos psicológicos utilizados para el afrontamiento y solución de problemas.

(d) las técnicas de hipnosis en su mayoría favorecen la respuesta de relajación en los pacientes, que puede ser utilizada como una eficaz estrategia antagonista a las reacciones de ansiedad, que comúnmente se aprecian en una amplia gama de problemas psicológicos.

(e) la hipnosis favorece cambios rápidos en la conducta del paciente que incrementan considerablemente la motivación y adherencia al tratamiento, al no necesitar mucho tiempo (número de sesiones clínicas) para obtener mejoras significativas.

Aplicaciones clínicas de la hipnosis en algunos ámbitos de la salud:

Dolor clínico agudo (Procedimientos odontológicos, Tratamiento de quemaduras, Procedimientos quirúrgicos, Procedimientos radiológicos). Dolor crónico ( Dolor oncológico, artritis reumatoide, artrosis, dolor lumbar, fibromialgia).

Trastornos psicofisiológicos salud (migrañas y cefaleas, Síndrome de Colon irritable, Asma, Problemas dermatológicos, Trastornos alimentarios, Adicciones: tabaquismo).

Trastornos Psicopatológicos (Ansiedad y estrés -modelos generales de actuación, Fobias, Estrés agudo, Estrés postraumático, Depresión).

Interiorización del modelo estético e influencia de los medios de comunicación | Psicologo Palma


El ideal de belleza que más se ha estudiado con referencia al desarrollo de alteraciones alimentarias es sin duda el femenino. Este ideal va más allá de la delgadez, y, para alcanzarlo, además de estar muy delgada, se exigen características tales como un cutis impecable, un pelo bonito, rasgos faciales atractivos, senos voluptuosos. Los retoques de ordenador y la utilización de otras técnicas de manipulación de la imagen aumentan el abismo entre las imágenes representadas y la mujer real.

En la cultura occidental se asocia la delgadez con belleza, control, éxito social, felicidad, salud y autoestima; se estigmatiza el sobrepeso y la obesidad, aspectos que se asocian con la falta de atractivo, la pereza, la impopularidad y la ausencia de éxito.

La interiorización del ideal delgado representa el momento en el cual un individuo cognitivamente adopta los ideales de belleza definidos socialmente y se dedica a realizar comportamientos dirigidos a alcanzar estos ideales.

Es innegable que una parte importante del contenido de los medios de comunicación que es consumido por los niños y los adolescentes está lleno de mensajes no saludables acerca del ideal de belleza, la talla corporal, la comida, el control de peso y el rol del género femenino. Asimismo, si analizamos el contenido del ideal de belleza que se muestra en la televisión, revistas, películas e internet, contrastaremos que refleja la delgadez como normativa y atractiva.

Según Levine y Murnen (2009) Ser sexualmente atractivo es de suma importancia. El atractivo, el estilo, la competencia para ser mejor se sitúa siempre en el exterior, es decir, en la apariencia. Los medios de comunicación son la principal fuente de información y motivación y proporcionan los productos necesarios para ser atractivo e ir a la moda.

Por último y muy importante, hay múltiples contenidos en internet que promueven graves trastornos como la Anorexia y la Bulimia, no como enfermedades psiquiátricas sino como estilos de vida.

Autoestima | Psicologo Mallorca


Existe bastante desconcierto a la hora de definir qué es la autoestima, de manera que distintos autores utilizan distintos términos para explicar el mismo fenómeno.

Resulta de máximo interés diferenciar la autoestima del autoconcepto.

Llamaremos autoconcepto a una estructura multidimensional compuesta por un conjunto de rasgos, de valores, de aspiraciones que mantenemos sobre nosotros mismos, formándonos así una representación propia; se irá formando a lo largo del proceso de interacción de la persona con su entorno. El autoconcepto es el propio sentido de identidad: qué es lo que piensa una persona de sí misma como individuo, en diferentes áreas (social, académica, laboral, familiar, aspecto físico, etc.).

La autoestima estará formada por la relación entre la percepción de uno mismo o autoconcepto y el ideal de uno mismo (aquello que la persona valora, lo que le gustaría ser). Hablaremos de baja autoestima cuando se da una discrepancia entre estos dos aspectos, es decir, cuando existe diferencia entre lo que percibo de mi mismo y cuando no alcanza al ideal.

Podemos identificar factores que inciden en el deterioro de la autoestima, diferenciándolos según la etapa evolutiva. De este modo, en la etapa infanto juvenil, nos encontramos con el abandono psicológico de los progenitores, el nacimiento de un nuevo hermano viviendo esta situación como sentimiento de rechazo, desvalorización sistemática por parte de los padres, sobreprotección, castigo indiscriminado, etc. En la etapa adulta los factores que pueden incidir, podrían ser el fracaso profesional, una ruptura sentimental, una enfermedad física, problemas con los hijos y autoculpabilización del fracaso, comparación con otros adultos, etc. En la etapa senil, podríamos hablar del momento de la jubilación, el envejecimiento físico, la progresiva pérdida de seres queridos, etc.

Existe tratamiento psicoterapéutico para las personas que tienen baja autoestima, que se caracterizan por tener una excesiva necesidad de aprobación, rasgos perfeccionistas, conductas de evitación ante los problemas y excesiva preocupación ansiosa. El tratamiento consistirá en una explicación del concepto de la autoestima, identificando las consecuencias que tiene para la persona en concreto; trabajar los pensamientos automáticos (las persona solemos decirnos cosas a nosotras mismas de los que sucede; estos pensamientos pueden ser correctos o incorrectos y una tarea muy importante será identificar estos pensamientos y aprender a modificarlos). En definitiva, se trata de poner en práctica pensamientos más adaptativos y trabajar la autoaceptación.

Depresión – Psicologo Mallorca


El nombre de depresión, es ampliamente conocido y utilizado en el lenguaje cotidiano; con frecuencia calificamos nuestro desánimo o tristeza como -estar deprimido-.

Los síntomas de la depresión han sido agrupados en las siguientes categorías; no todos ellos se dan en todas las personas ni en la misma medida, esto hará más amplia la variedad de formas de padecimiento de la depresión.

1. Síntomas afectivos: tristeza, abatimiento, desánimo, etc.

2. Síntomas conductuales: baja actividad, lentitud al hablar y andar, agitación motora.

3. Síntomas cognitivos: disminución de la capacidad de concentración, memoria y atención. Incremento de las cogniciones negativas (auto-crítica, auto-culpa).

4. Síntomas físicos: alteraciones del sueño, disminución del apetito, de la actividad y de la libido, dolores y molestias.

5. Síntomas interpersonales: disminución del interés por los demás, deterioro de las relaciones sociales.

Clasificación y diagnóstico de la depresión:

Una de las clasificaciones más tradicionales, aunque ya prácticamente en desuso, sea la de depresión endógena o reactiva; en el extremo endógeno se agrupaban aquellas depresiones de origen biológico, denominándolas con el término hipocrático de “melancólicas”. Las depresiones no endógenas, con un claro componente psicológico, según la época y el autor, se fueron reconociendo con los calificativos de “reactivas” o “neuróticas”.

Otra clasificación ha utilizado la dicotomía bipolar-unipolar o maníaco-depresiva; las primeras con historia de episodios maníacos y, en el otro extremo, la depresión propiamente dicha.

En el momento actual, el sistema de clasificación más utilizado es el DSM-IV-TR del APA; en ésta los trastornos depresivos se encuentran ubicados entre los trastornos del estado de ánimo, junto a los trastornos bipolares y otros trastornos de estado del ánimo, como los debidos a enfermedades médicas o inducidos por substancias. Para mayor información podemos acudir a DSM-)IV-TR (está disponible en internet).

Modelos explicativos de la depresión: Los primeros planteamientos se desarrollaron a finales de los 60 y principios de los 70, desde un enfoque netamente conductual con los modelos de Ferster, Costello y Lewinshon. Durante la década de los 70 se formularon las teoría cognitivas de de Beck y Seligman. Desde el inicio de los 80 surgen planteamientos que integran las aportaciones conductuales y cognitivas como las de Rehm y Lewinsohn. Según los modelos conductuales la principal característica de la conducta depresiva es la reducción en la frecuencia de actividades reforzantes, junto a la emisión de conductas de escape o evitación. Para entender los modelos explicativos de corte cognitivo podemos coger a Beck, éste lo explica desde los 3 elementos principales: la tríada cognitiva (visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro); los esquemas, como patrones de pensamiento que atienden selectivamente a cierta información, formando un concepto de cada situación; por último los errores cognitivos (podemos ver un artículo más detallado en este blog -distorsiones cognitivas-). Los modelos cognitivo conductuales, básicamente integran elementos de lo mencionado anteriormente.

Evaluación de la depresión: Los psicólogos clínicos disponemos de la entrevista, es la primera toma de contacto y muy importante para establecer un correcta alianza terapéutica, en la que el cliente se sentirá atendido y comprendido; en ésta debemos recoger el máximo de información relacionada con el origen, la vulnerabilidad y el mantenimiento de la depresión. Las áreas a evaluar están relacionadas con la motivación, expectativas, apoyo social y recursos; todas éstas serán claves para la planificación del tratamiento de la depresión. Una de las estrategias de recogida de información más utilizada es el auto-registro, adaptándolo a las características de la persona, uno de los más utilizados son los registros de actividad; en otros registros más completos podemos incluir las situaciones (¿qué pasaba?), la emoción (¿qué sentía?), el pensamiento (¿qué pensaba?) y la conducta (¿qué hacía?). Otra estrategia son los Cuestionarios, los inventarios y escalas. Aquí podemos valorar la severidad de la depresión, uno de los clásicos es el BDI (inventario de depresión de Beck). También debemos utilizar las Listas de actividad, utilizando listas de actividades agradables y desagradables y listas de actividades positivas, que proporcionan o proporcionaban placer a la persona antes de la depresión. Valoración de los pensamientos depresivos, para analizar los pensamientos automáticos y la tríada cognitiva, antes mencionada. Por último e importantísimo la Valoración de las ideas de suicido, no debe pasar por alto en ninguna entrevista clínica.

Tratamiento de la depresión: A pesar de estar escribiendo sobre el tratamiento psicológico de la depresión, no debemos dejar de mencionar el Tratamiento psicofarmacológico, según un reciente estudio de la SEAS (sociedad para el estudio de la ansiedad y el estrés) publicado a finales de Septiembre 2011 se han presentado los resultados de un estudio que indican que, entre 2005 y 2010, el consumo de antidepresivos y de benzodiacepinas se ha incrementado un 30,5% y un 12,9%, respectivamente.; hablando de la necesidad de fomentar la aplicación de los tratamientos psicológicos, avalados por le evidencia científica. Si quiere ampliar información al respecto, puede leer otro artículos de este blog: psicofarmacología. El psicólogo clínico que atiende a una persona que está recibiendo tratamiento psicofarmacológico para su depresión debe conocer el tipo y dosis del fármaco pautado por su médico.

Tratamiento psicológico de orientación cognitivo conductual. Para entenderlo, debemos pensar en los modelos teóricos mencionados anteriormente. Básicamente y teniendo presente la idiosincrasia de la persona, el tratamiento estará compuesto por: la terapia cognitiva, en la que identificamos los pensamientos automáticos y distorsionados, propios de la persona depresiva, identificación de los supuestos depresógenos, incremento de la actividad, modificación de las conductas de evitación, incremento de las habilidades sociales, incremento de las actividades agradables, disminuir la ansiedad, disminución de los pensamientos depresógenos, mejora de las habilidades de comunicación y solución de conflictos, y planificación de futuro. Por último, me gustaría señalar El mindfulness (conciencia o atención plena), éste forma parte, en mayor o menor medida, de la mayoría de las nuevas formulaciones terapéuticas de la terapia de conducta, que globalmente se conocen como terapias de tercera generación. La utilización de la meditación mindfulness en el ámbito clínico se inició en los años 70, con los trabajos de Jon Kabatzinn en la facultad de medicina de Massachussets. Mindfulness no puede considerarse como técnica, sino más bien como una forma de percibir las propias sensaciones, pensamientos y emociones, a través de una auto-observación intencional, dejando el impulso habitual y automatizado de valorar, prestando atención a nuestras experiencias internas.

Psicologo Mallorca – Psicofarmacologia


Terapia de Conducta y Tratamientos Psicofarmacológicos.

Voy a intentar explicar la relación que se da entre el tratamiento psicoterapéutico (en este caso de Orientación Cognitivo Conductual) y el tratamiento psicofarmacológico (la medicación).
Podemos afirmar que estos dos enfoques son, en la actualidad, los más potentes y cuentan con la mayor evidencia empírica; a pesar de ser el grado de acercamiento entre ellos escaso, a pesar de los muchos puntos en común (utilizan ambos el método científico, escalas de evaluación, etc.). La razones por las que hay poco acercamiento, son evidentes, el desarrollo de la Terapia de Conducta ha sido obra de los Psicólogos Clínicos, según el modelo conductual de la enfermedad; el Psicofarmacológico, de Psiquiatras apoyado en el modelo médico de la enfermedad. Esta situación es irracional porque los temas objeto de estudio son en muchas ocasiones comunes ( la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo, la hiperactividad, etc. ). Por otra parte, los procedimientos psicoterapéuticos actúan a través de los mismos mecanismos básicos que los psicofármacos, es decir, por medio de modificaciones en la neuroquímica cerebral.

Los Psicofármacos, pueden distribuirse, básicamente en los siguientes grupos:

a) Ansiolíticos y betabloqueantes: los primeros actúan sobre los síntomas de ansiedad y la tensión muscular y tienen efectos relajantes e inductores del sueño. Se utilizan en los estados de ansiedad. Los betabloqueantes actúan sobre los síntomas periféricos de la ansiedad.
b) Antidepresivos: se utilizan preferentemente en el tratamiento de la depresión, pero también para hacer frente al pánico, al trastorno obsesivo compulsivo, a la fobia social y a la bulimia.
c) Neurolépticos: están indicados, principalmente, para contrarrestar la sintomatología positiva de las esquizofrenias y de los trastornos psicóticos.
Esta clasificación es esquemática y con una finalidad meramente didáctica. Siempre será el médico quien prescribirá este tipo de tratamiento.

Concepto de Eficacia Terapéutica:
La reacción de un paciente a un tratamiento sea éste psicológico o psicofarmacológico, pasa por diversas fases.

o Respuesta: reducción de los síntomas presentados al inicio del tratamiento.
o Remisión: desaparición total de los síntomas, con un funcionamiento normal de la persona. Ya no se cumplen los criterios diagnósticos del cuadro clínico.
o Recuperación: remisión mantenida de los síntomas durante un período de 6 meses.
o Recaída: aparición de la sintomatología durante la remisión o durante la recuperación.
o Recurrencia: aparición de la sintomatología después de la recuperación (suele aparecer en enfermedades crónicas).

La interacción entre dos tratamientos no es lineal y puede tomar direcciones diversas:
o Sumación: cuando se suman aritméticamente.
o Potenciación: cuando tienen una acción sinérgica superior a la de la simple adición.
o Inhibición: cuando la administración de los dos tratamientos conjuntamente debilita la acción de uno de ellos o entre ambos interfiere en el resultado final.
o No interacción.

Los psicofármacos y, en general, el modelo médico de enfermedad mental ha sido objeto de muchas críticas por parte de la terapia de conducta. En concreto, la negativa de algunas personas a los tratamientos con fármacos, los abandonos frecuentes de los fármacos por los efectos adversos, por la dificultades de concentración creadas por el consumo de ansiolíticos, los recaídas frecuentes tras el abandono de la medicación, la dependencia física y psicológica suscitada por el consumos regular de benzodiacepinas, etc.
Las terapias psicológicas no están exentas de una mala utilización y de consecuencias indeseadas. Por parte del cliente: incumplimiento de las prescripciones terapéuticas, dependencia psicológica del problema. Por parte del Terapeuta: ejecución muy variable de las técnicas terapéuticas. Atribución errónea de los problemas del cliente.

Requisitos de un buen tratamiento:

I. Sólo deben combinarse dos tratamientos cuando unos se hay demostrado insuficiente.
II. Sólo deben combinarse dos tratamientos desde el inicio de la terapia, si tal decisión está fundamentada en la investigación previa.
III. El plazo de 6 semanas de espera para la verificación del efecto de los antidepresivos es también válido para la actuación de la terapia de conducta.
IV. Si después de un plazo no hay mejoría, debe cambiarse del tratamiento o combinarlo con otro.
V. El cliente debe ser copartícipe de la toma de decisiones.
VI. Si se va a triangular la intervención –dos terapeutas distintos para cada uno d los tratamientos-, debe comentarse el caso con el segundo terapeuta.

En general los psicofármacos están indicados en primer lugar cuando los síntomas se manifiestan de forma aguda y con gravedad, el funcionamiento global de la vida cotidiana está muy afectado, hay una limitación de recursos psicológicos o económicos o se produce una solicitud específica de fármacos por parte del propio cliente.
Por el contrario, la terapia de conducta puede ser la primera línea de elección terapéutica cuando el paciente presenta síntomas no muy graves, la adaptación global de la vida cotidiana no está excesivamente afectada y se mantiene cierto grado de relación interpersonal y de apoyo social y el cliente solicita activamente una terapia psicológica.
Resumen obtenido de Terapia de Conducta y tratamientos psicofarmacológicos. Enrique Echeburúa, Paz de Corral Gargallo y Karmele Salaberría Irízar. Unervesidad del País Vasco.

Psicologo Mallorca – Celos en la pareja


Los celos constituyen un sentimiento o una emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva y cuya base es la infidelidad –real o imaginaria- de la persona amada.
Hablamos de una emoción universal, podemos comprobarlo en la literatura de todos los tiempos: Shaskespeare, Proust, Bizet, etc…Los celos más que un deseo erótico, están condicionados por el sentido de propiedad (me perteneces, soy todo tuyo…), son un fenómeno común en nuestra sociedad. No reflejan, en todos lo casos, la existencia de una problema psicopatológico y por ello no deben generar un sentimiento de vergüenza. En realidad constituyen una de las grandes pasiones que se ancla en lo más profundo del ser humano.

Los límites de los celos normales o razonables resultan difíciles de establecer. La aparición de de unos celos intensos refleja frecuentemente la existencia de una inseguridad personal, así como un sentimiento de posesión sobre la pareja y de un temor a perderla en beneficio de un rival.

Cuando se traspasa la frontera que permite manejar y resolver los celos, se convierten en patológicos; en estos casos son como un aguijón que se clava con todo su veneno. En este caso hay tres características nucleares: la ausencia de una causa real desencadenante, la extraña naturaleza de las sospechas y la reacción irracional del sujeto afectado, con una pérdida de control.

Desde una perspectiva psicopatológica, es decir cuando se trata de un trastorno, esta creencia irracional puede presentarse de tres maneras diferentes:
a) Celos pasionales: como un arrebato u obcecación, en forma de ataques de celos más o menos continuos.
b) Celos obsesivos: como una obsesión.
c) Celos delirantes: como una idea delirante.

¿Tengo un problema de celos?
1. ¿Puede controlar los pensamientos relacionados con la infidelidad de su pareja?
2. ¿Se resiste, sin éxito, cuando comienzan los pensamientos acerca de una posible relación de su pareja con otra persona?
3. ¿Lleva a cabo diferentes comportamientos dirigidos a comprobar la infidelidad de su pareja?
4. ¿Ha encontrado, en alguna ocasión, alguna prueba objetiva que demuestre que su pareja le es infiel?
5. ¿Se ha alterado algún área importante de su vida (relación familiar, vida social, ámbito laboral, etc.) como consecuencia de los pensamientos que tiene o de los comportamientos que realiza?

* Para encontrar un enfoque clínico, puede acudir a Enrique Echeburúa y Javier Fernández Montalvo. Celos en la pareja: una emoción destructiva.

Ansiedad – Psicologo Mallorca



Es una emoción básica que forma parte de la dotación emocional de todos los seres humanos. Es considerada como una aportación útil del desarrollo evolutivo de nuestra especie. A través de un sofisticado sistema de procesamiento de la información, esta estructura cognitivo-afectiva se encarga de organizar, de la manera más eficaz, los recursos del individuo ante una situación anticipada como peligrosa, con el objetivo de preservarle de posibles daños.

La ansiedad es un proceso emocional normal, adaptativo e imprescindible para la vida.

Existe una clara diferencia entre la ansiedad y el miedo. En el miedo, el peligro se percibe como real, presente e inminente. La sensación de incontrolabilidad focalizada en la posibilidad de un daño o amenaza futura, o cualquier suceso potencialmente negativo, es característica de la ansiedad. Podríamos definir la ansiedad en términos de un estado de indefensión. La respuesta psicofisiológica está relacionada con el sustrato biológico del estado de preparación del organismo para contrarrestar la indefensión.

Lo que desencadena la ansiedad no son objetos o situaciones que impliquen un peligro o daño real o actual, en general se trata de elementos que han obtenido la capacidad de generar ansiedad a través de nuestro aprendizaje. El tipo de situaciones que provocarán ansiedad, en cada uno de nosotros, vendrá determinado por nuestra historia y características personales. El rango de situaciones que pueden provocar ansiedad es muy amplio, además puede ser ante estimulación externa o interna; muchas personas sufren ansiedad sin ser conscientes de qué estímulo ha disparado su ansiedad. Por lo tanto, las señales de ansiedad pueden ser muy amplias o muy concretas, así como conscientes o inconscientes; no obstante, independientemente de su naturaleza, cuando la persona considera que estas señales son amenazantes indican la necesidad de poner en marcha una respuesta eficaz, que estará cargada de activación y valoración afectiva negativa. La atención se desplazará hacia las señales potencialmente amenazantes. Con mucha frecuencia, la valoración que hacemos de la capacidad de afrontar la situación, suele ser negativa. De este modo, al valorarnos como poco eficaces se dispara la activación psicofisiológica y la percepción de una ejecución deficitaria, organizándose así un círculo vicioso que perpetúa la ansiedad.

Las consecuencias de estos procesos, son la tendencia a evitar la experimentación de la ansiedad y, por otro lado, el desarrollo de un estado de preocupación sostenido. Cuando la evitación y la preocupación interfieren, de manera importante, en nuestra vida diaria, estaremos probablemente ante un trastorno de ansiedad. Aquí será necesaria la intervención psicoterapéutica para interrumpir la ansiedad patológica.

Los principales trastornos de ansiedad están recogidos en los manuales DSM-IV-TR y CIE-10, pueden consultarse fácilmente en la red. A pesar de las diferencias que pueden existir entre los diferentes trastornos de ansiedad, todos ellos comparten la presencia de respuestas de ansiedad y miedo desproporcionados en relación con las condiciones reales; por todo ello, se darán conductas de escape y evitación.

Los trastornos de ansiedad, tras los trastornos depresivos, son los más comunes e incapacitantes de entre los problemas psicológicos. Las fobias específicas son las más prevalentes y el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) el menos prevalente. Algunos suelen aparecer en la niñez, como las fobias específicas, mientras que en la mayor parte de los casos, su comienzo se da en la etapa temprana de la edad adulta.

Con respecto a la explicación del desarrollo y mantenimiento de los trastornos de ansiedad vemos que hay una naturaleza compleja y multicausal. Los modelos etiológicos iniciales enfatizaban el papel de los aspectos biológicos o del aprendizaje. Las teorías actuales se basan en modelos biopsicosociales, más sofisticados.

La evidencia científica muestra la existencia de diferentes tipos de vulnerabilidad o predisposición. En primer lugar se identifica una vulnerabilidad biológica de carácter hereditario. También existe una vulnerabilidad psicológica que se ha ido desarrollando a partir de experiencias de desarrollo tempranas. Los procesos psicológicos, basados en los procesos cognitivos y respuestas conductuales que describirán la adquisición y mantenimiento de los trastornos de ansiedad. Los modelos conductuales incluyen elementos procedentes de las teorías del condicionamiento clásico y operante. También tienen mucha importancia las influencias culturales, de manera que éstas influirán en el desarrollo y expresión de los trastornos de ansiedad.

Todos los tratamientos psicológicos son eficaces?


Cuando uno toma un medicamento confía en que su eficacia haya sido sometida científicamente a prueba. Al igual que cualquier fármaco, un tratamiento psicológico debe pasar unas pruebas y controles científicos para saber si es más eficaz que no hacer nada o que utilizar otro tratamiento que en principio es menos o nada eficaz. De igual modo que no deberíamos tomar un fármaco de eficacia no demostrada, tampoco deberíamos seguir un tratamiento psicológico que no se sabe si funciona, al menos cuando existen tratamientos alternativos de eficacia demostrada. Algunos profesionales se basan en su experiencia para afirmar que sus tratamientos funcionan -al igual que hacen los que imponen sus manos, leen las cartas del Tarot o ejecutan extraños rituales-, pero la experiencia no sometida a prueba se ha mostrado engañosa en múltiples ocasiones y existen métodos más fiables para saber si un tratamiento funciona o no.

No todos los tipos de tratamientos psicológicos han sido sometidos convenientemente a prueba. El más investigado, hasta el momento, ha sido el cognitivo-conductual. De este enfoque se han derivado tratamientos eficaces para una diversidad de problemas: trastornos de ansiedad, depresión mayor, disfunciones sexuales, problemas de pareja, trastornos de alimentación, drogodependencias, trastornos de conducta en la infancia, control de esfínteres y, en combinación con intervenciones médicas, esquizofrenia, dolor y trastorno de déficit de atención con hiperactividad.

Las terapias psicoanalíticas, psicodinámicas, existenciales/ humanistas y sistémicas no han sido investigadas suficientemente hasta el momento, por lo que no se puede afirmar si son eficaces o no.

Los escasos datos disponibles indican la eficacia o posible eficacia de la terapia interpersonal (una intervención ecléctica de tipo psicodinámico y cognitivo-conductual que busca resolver los problemas interpersonales) para la depresión, bulimia y sobreingesta compulsiva, y de la terapia psicodinámica breve para la depresión y la dependencia de opiáceos.

En suma, conocer qué tratamientos psicológicos concretos son más efectivos para el problema que nos afecta es fundamental. De ello depende, en gran medida, el éxito de la intervención que se va a recibir. En los últimos años se han llevado a cabo numerosas investigaciones dirigidas a evaluar la eficacia de cada tratamiento específico para los principales problemas psicopatológicos. En general, los tratamientos psicológicos más efectivos tienen objetivos claros, están centrados en la solución de problemas inmediatos, son más bien de corta duración (de 2 a 6 meses, aunque es mayor en problemas graves o cuando hay varios problemas) y producen una mejoría tras las 8-10 primeras sesiones. Si un tratamiento no tiene unos objetivos claros, se dilata en el tiempo y no se obtienen resultados apreciables (cuando menos parciales) en un período de tiempo razonable, se puede desconfiar de su eficacia.

¿Dónde debe buscarse un tratamiento psicológico?


Los tratamientos psicológicos se ofertan en dos ámbitos principales: los centros públicos y los centros privados.

Por lo que se refiere a los centros públicos, destacan los Centros de Salud Mental, en los que se ofrecen tratamientos psiquiátricos y psicológicos gratuitos. Todas las comunidades de nuestro país cuentan con un número determinado de centros públicos, variable de unas comunidades a otras, en los que trabajan psicólogos clínicos, psiquiatras, enfermeras y trabajadores sociales. De todos ellos, son los psicólogos clínicos los profesionales que están preparados específicamente para realizar una evaluación psicológica y aplicar los tratamientos psicológicos. Además, existen muchos otros centros (asociaciones, principalmente) que atienden problemáticas específicas (drogadicción, ludopatía, etc.) en los que existe también un psicólogo clínico que está especializado en aplicar los tratamientos psicológicos adecuados para una alteración específica.

Hay otros centros públicos que ofrecen asistencia psicológica y que varían en gran medida. Así hay servicios hospitalarios de Psiquiatría y servicios de otras especialidades médicas (Medicina Interna, Reumatología, Rehabilitación, Hematología, Unidades de Dolor y de Cuidados Palitativos, etc.) que cuentan con psicólogos, aunque en una proporción mucho menor que los existentes en los Centros de Salud Mental. También puede encontrarse asistencia psicológica en centros públicos dependientes de Ayuntamientos (Centros de Salud Municipal o de Promoción de la Salud), de las Comunidades Autónomas y en asociaciones sustentadas, en gran medida, por fondos públicos relacionados con la asistencia social y sanitaria (Asociación Española contra el Cáncer, por ejemplo, y diversas ONGs).

Sin embargo, donde se encuentra el mayor número de profesionales que ofrece asistencia psicológica es en el ámbito privado. En cualquier ciudad de nuestro país podemos encontrar multitud de consultas privadas de psicología clínica en las que un profesional ofrece tratamientos psicológicos para diversos cuadros clínicos y diferentes edades (adultos o niños). Es aquí donde quien busca atención psicológica puede verse más desorientado. Para ayudar en la búsqueda puede recurrirse a personas o instituciones que orienten al respecto. El Colegio Oficial de Psicólogos dispone de información sobre colegiados que ejercen su actividad en determinadas zonas y especialidades (http://www.cop.es). También algunas instituciones independientes facilitan información pública sobre psicólogos que han seguido programas de especialización (por ejemplo, http://www.uned.es/master-terapia-de-conducta).

¿Quiénes son los profesionales capacitados para realizar un tratamiento psicológico?


Legalmente pueden realizar un tratamiento psicológico los psicólogos y los psiquiatras. Un psiquiatra es un médico que ha completado un periodo de entrenamiento en psiquiatría en centros asistenciales después de haber realizado la carrera de medicina. Los psiquiatras han sido entrenados en diagnóstico psiquiátrico y en la administración de psicofármacos, pero su preparación en la aplicación de principios y técnicas psicológicos es mucho menor que la de los psicólogos.

Un psicólogo ha realizado la carrera de psicología, por lo que tiene un mayor conocimiento de principios y técnicas psicológicas, aunque no está capacitado para administrar psicofármacos. Muchos psicólogos de los que se dedican al tratamiento psicológico han realizado algún Máster o período de formación adicional una vez terminada la carrera, lo cual les proporciona un mejor nivel de preparación. Además, algunos psicólogos se han especializado en psicología clínica durante un periodo de entrenamiento en evaluación y tratamientos psicológicos en centros asistenciales. Estos psicólogos poseen el título de especialista en psicología clínica, título de especialista de igual grado y rango profesional y legal que el de psiquiatría, y tienen por lo tanto una mejor preparación y experiencia para aplicar tratamientos psicológicos.

El psiquiatra se ocupa, habitualmente, de diagnosticar y recetar un fármaco; y el psicólogo clínico, junto con el diagnóstico, busca analizar las dificultades específicas del paciente en su día a día y hace un plan ajustado a éstas para superarlas. Por último, el psiquiatra, habitualmente, se ocupa más de los trastornos mentales graves (psicosis, intentos de suicidio, depresiones graves, etcétera), sobre todo en las fases agudas, y el psicólogo clínico de los trastornos mentales en general y de los problemas de adaptación y de las dificultades de relación.

Finalmente una advertencia importante con respecto a la figura de psicoterapeuta. Tal figura no existe como profesional de la salud. No responde a ninguna licenciatura universitaria, por lo que no ofrece garantías para el paciente ni cobertura legal para su actividad. En consecuencia, es necesario alertar sobre el intrusismo profesional de personas que no están lo suficientemente preparadas para llevar a cabo este tipo de intervenciones y que se llaman a sí mismas terapeutas, sin tener una preparación adecuada para ello.